Mes: noviembre 2015

“Iraq, Iraq, nada más que Iraq”

Mahmud Darwish (1941-2008), el poeta palestino más famoso, tiene dedicada esta poesía al poeta iraquí Badr Shakir Al Sayyab (1926-1964).

 

 

Recuerdo a Sayyab gritando en vano en el Golfo:

“¡Iraq, Iraq, nada más que Iraq…!”.

Y sólo le respondía el eco.

Recuerdo a Sayyab: en este espacio sumerio,

una mujer venció la esterilidad de la niebla

y nos legó la tierra y el exilio.

Recuerdo a Sayyab… la poesía nace en Iraq:

sé iraquí, amigo, si quieres ser poeta.

Recuerdo a Sayyab: no halló la vida que

Imaginaba entre el Tigris y el Éufrates,

por eso no pensó, como Gilgamesh, en las hierbas

de la eternidad ni en la resurrección…

Recuerdo a Sayyab: tomó el código de Hammurabi

Para cubrir su desnudez

Y marchó, místico, hacia su tumba.

Recuerdo a Sayyab cuando, febril,

Deliro: mis hermanos preparaban la cena

Al ejército de Hulagu porque no tenía más siervos que…

¡mis hermanos!

Recuerdo a Sayyab: no habíamos soñado con un néctar

que no merecieran las abejas, ni con más que

dos pequeñas manos saludando nuestra ausencia.

Recuerdo a Sayyab: herreros muertos se levantan

de las tumbas para forjar nuestros grilletes.

Recuerdo a Sayyab: la poesía es experiencia

Y exilio: hermanos gemelos. Y nosotros sólo soñábamos con

una vida semejante a la vida y con morir a nuestra manera.

“Iraq,

Iraq.

Nada más que Iraq…”.

 

(Del poemario: No pidas perdón).

A Beirut

No importa cuándo escuche esta canción, siempre consigue emocionarme profundamente. Es una mezcla entre orgullo, dolor y amor hacia Beirut. No he visto a nadie transmitir tanto sentimiento y expresar tanto con la voz. Fairouz es la diva por excelencia de la canción árabe, pero pocos saben que ella no es árabe, sino asiria y cristiana ortodoxa. La cara del Levante, la voz de Oriente Medio, la reina del Líbano, no podía ser sino asiria.

La hipocresía por bandera

Me preguntaba el otro día por qué Arabia Saudí no recibe la misma repulsa que Israel por parte de la izquierda y el mundo árabe/musulmán (si es que en algún momento ha existido un mundo árabe o musulmán, teniendo en cuenta el crisol de razas, culturas, religiones y civilizaciones que Oriente Medio alberga en su seno). Mundo árabe y musulmán, otra etiqueta que el supremacista árabe suní cuelga a esa región, para acto seguido quejarse del blanco europeo que tilda Europa de “blanca y cristiana”. Los kurdos, asirios, circasianos, turcomenos, persas, no existen a sus ojos. Los cristianos, zoroastristas, yazidíes, etc., tampoco. Oriente Medio es árabe y musulmán. Porque sí, porque lo dice la mayoría. La mayoría privilegiada. Como Europa es blanca y cristiana.

Volviendo al tema, me preguntaba por qué el lloriqueo y la falta de autocrítica se han convertido en el pan de cada día de esa región. Por qué, antes de abrir la boca sobre lo que hizo EEUU en los 80 en Afganistán o a la UE en 2012 en Siria, no miramos al Golfo pérsico. ¿Por qué los europeos no sabemos y los árabes que apoyan primaveras inexistentes no cuentan lo que es el wahabismo? ¿Por qué unos recuerdan la esclavitud de las colonias europeas y no admiten que hoy día países como Arabia Saudí, Qatar o Emiratos Árabes Unidos la siguen practicando? De dónde saldrá el lujo y la opulencia de los nuevos reinos del terror wahabitas, que para su construcción requieren la mano de obra esclava de trabajadores de Bangladesh, la India, Nepal, Pakistán y que han pasado de ser desiertos a tener más rascacielos que Nueva York. El constante lloriqueo y la falta de autocrítica es innata al ser humano. Al menos eso creo. Si no, no se resumiría todo a “La culpa es la CIA”.

El wahabismo fue creado en el siglo XVIII por un clérigo (cómo no) saudí, Muhammad Abd al Wahhab. Fue y sigue siendo la ideología en la que se inspiran casi todos los grupos terroristas islámicos. Una ideología sectaria y radical que mueve millones y millones de dólares y que es una fuente de financiación para esos países. Hay toda una escuela de pensamiento y doctrina jurisprudencial en los países del Golfo que se apoyan en el wahabismo; sus leyes y castigos no son muy distintos de los puestos en práctica por el Estado Islámico. El Golfo pérsico fue quien creó la ideología, que ellos definen como la interpretación “más pura” del islam, y que nace de la escuela jurídica hanbalista (Siglo IX, Ahmad ibn Hanbal, clérigo radical iraquí). En esas escuelas (en árabe “madrasas”) se adoctrinaron a los talibanes afganos y no tan afganos, que lucharon contra el ateísmo sovietico en los 80. En esas escuelas se adoctrinan hoy a quienes van a hacer la yihad a Siria, uno de los países de mayoría musulmana más tolerantes que existían.

Occidente es el principal aliado de esos países, en especial EEUU, que convirtió a Arabia Saudí en su amiga más íntima, con el simbólico pacto que el ex presidente Roosevelt celebró con el rey Abdul Aziz en 1945, a bordo de un barco. El petróleo es la principal razón por la que Occidente se acercó a los puritanos wahabitas y la principal razón por la que obligan a admitir a los tontos útiles europeos que las mezquitas que ese reino del terror financia alrededor del mundo son “multiculturalismo”. Que nos lo cuenten en los Balcanes, donde ya empezamos a ver las consecuencias tan sólo una década después de finalizada la última guerra.

EEUU se encargó de la seguridad de este país, a partir de la era del ex presidente Truman, proporcionándole equipo militar. Occidente utilizó a la mayor bestia del “mundo árabe” para satisfacer sus intereses en la zona. No pudo haber buscado un aliado más repugnante. Pero el occidental es feliz. El occidental hoy es enviado por su multinacional a Dubai o a Riad para hacer cosas capitalistas y tiene casa pagada, chófer y limpiadora/canguro (que suele ser una pakistaní explotada por dos duros que vive en un cuartucho sin ventanas). Acto seguido, el occidental sale en “Madrileños por el mundo” en medio de una carrera de camellos explicando lo exótico y maravilloso que es Qatar o Emiratos Árabes y lo mucho que ha dado de sí ese desierto en apenas 50 años. Aunque haya obreros de Asia Central que mueran de golpes de calor construyendo los lujosos rascacielos desde donde los sirios e iraquíes deberían colgar a la familia Saud y a los emires de EAU.

Boicot a Arabia Saudí. No se puede condenar el yihadismo sin condenar el wahabismo. No se puede condenar al Estado Islámico sin rechazar airadamente lo que Arabia Saudí está haciendo con el islam. No es oro todo lo que reluce, y el oro que hay en los países del Golfo, mucho menos. Pero el ser humano hace mucho tiempo que ha tomado la hipocresía por bandera.

Siria

“Every cultured man belongs to two nations: his own and Syria.”

Quizás existan pocas frases que sean tan cortas, pero que me hayan impresionado tanto.  La famosa frase del arqueólogo francés André Parrot, después de haber llevado a cabo excavaciones en Siria,  hace recordar la majestuosidad de ruinas milenarias que llevan demasiado tiempo presenciando los encuentros entre Oriente y Occidente y que hoy están siendo destruidas por los enemigos de la humanidad. No ha habido ni habrá nunca civilización sin Siria.