Te pedimos perdón por tanto teatro, Siria

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“Si un hombre es asesinado en París, es un crimen; si las gargantas de 50.000 personas son cortadas en Oriente, es una mera cuestión” Victor Hugo

 

“La France est en guerre” 
Durante la colonización de Argelia por parte de Francia, Alexis de Tocqueville –ídolo de cualquier liberal de hoy día- escribió en 1837: “Si entre los cabileños y nosotros siguen existiendo relaciones frecuentes y pacíficas (…) la atracción casi invencible que empuja a los salvajes hacia los hombres civilizados, se dejará sentir. Por otra parte, existe un cierto número de tribus árabes que podemos y debemos gobernar directamente. Debemos intentar que estos árabes independientes se habitúen a vernos intervenir en sus asuntos internos y que se familiaricen con nosotros. Pues hay que tener en cuenta que un pueblo poderoso y civilizado como el nuestro ejerce, por el mero hecho de la superioridad de su cultura, una influencia casi invencible sobre pequeñas sociedades bárbaras.”

No parece que los franceses hayan cambiado mucho su mentalidad con respecto a sus antiguas colonias, entre las cuales figuran Siria y Argelia. El simple hecho de que estemos con el corazón en un puño cada vez que hay un atentado en suelo europeo por si los líderes occidentales deciden bombardear algún país de Oriente ya es una muestra de la supremacía occidental. El simple hecho de que los líderes occidentales se reúnan en sus Parlamentos para debatir si deben bombardear o no Oriente, sin tan siquiera tener en cuenta la opinión de esos pueblos y gobiernos, ya es una muestra de la supremacía occidental.
“La France est en guerre.” Con esta frase sorprendía al mundo hace unas semanas Hollande, interpretando una magnífica representación teatral en el Palacio de Versalles con emotiva Marsellesa incluida. No, no es Occidente el que está en guerra, es Oriente. Francia hoy dice estar en guerra. Con los mismos a los que en el verano de 2013 iba a ayudar vía invasión conjunta con EEUU y poniendo como excusa el uso de unas armas químicas que el régimen de Assad no sólo no usó, sino que la ONU demostró que habían sido los rebeldes. Oh no, señor Hollande, no es Francia la que está en guerra, ¡es Siria! Siria es la que lleva casi 5 años en guerra con los terroristas a los que usted y sus gángsters occidentales entregaban armas y Toyotas y a los que ahora compran petróleo barato a través de la Turquía de Erdogan. Con los terroristas cuya única aportación a la no revolución siria era y es el grito de “Allahu akbar” y que invitaban a los “hermanos musulmanes” de otros países a unirse a la yihad para derrocar al criminal Assad. Es Siria la que lleva sufriendo atentados desde hace años y oyendo cánticos sectarios por parte de los rebeldes (“Cristianos a Beirut, alauitas a la tumba”), que jamás se habían escuchado en este pequeño país tranquilo y de tradición islámica tolerante. Islam del que no gusta en Arabia Saudí y Qatar. Islam que tampoco gusta en la Turquía actual de Erdogan, ya que no sueña con recuperar los Balcanes, ni volver a la gloria de épocas genocidas pasadas (hago un inciso para darle las gracias a Siria por haber votado en contra del ingreso de Kosovo en la UNESCO). Islam que lo convierte en el único país donde hay una mezquita llamada Virgen María. Islam que no financia mezquitas alrededor del mundo porque no tiene necesidad de ello, ya que su fin no es expandirse ni conquistar. Islam que no impone conversiones forzosas, ni pinta la “n” de nazareno a los cristianos en sus casas antes de confiscarlas. Islam que no considera a los chiíes herejes ni a los sufíes satánicos y respeta a las siempre maltratadas y silenciadas minorías religiosas orientales. Islam que no compra cadenas de televisión qataríes para lavar el cerebro 24 horas a los jóvenes y no tan jóvenes del mal llamado “mundo árabe”. Islam tolerante, de ése que apenas queda. De ése que entre todos, emires y sultanes, presidentes occidentales y reyes campechanos, os habéis encargado de que apenas quede, una vez destruido el socialismo y el laicismo, que fueron señas de identidad del nacionalismo árabe.
Continuaba el actor Hollande afirmando que “Siria se ha convertido en el mayor nido de yihadistas del mundo”. Tampoco es cierto, señor Hollande, ¡es el Golfo pérsico, a quien usted y sus vecinos venden armas a mansalva el mayor nido de yihadistas del mundo! Arabia Saudí ha decapitado más personas en los últimos años que Daesh. Siria es el país que más lucha contra esos terroristas. Siria lleva 5 años agonizando por intentar acabar con ese nido de yihadistas que ustedes llaman “opositores al régimen” o “rebeldes moderados”. Cuando los “revolucionarios” llegaron a París, no les gustó. Entonces dejaron de ser rebeldes moderados para ser yihadistas que amenazaban al mundo “civilizado” occidental. Eran los enemigos de la humanidad cuando atentaron en París hace unas semanas y luchadores por la democracia cuando atentaban y atentan en Damasco. Pero cuando se le hace daño al hombre occidental, nos llevamos las manos a la cabeza. La televisión se encarga de recordarnos cada día que hay vidas que valen más que otras. En Beirut, Daesh atentaba justo un día antes que en París. Silencio total de la prensa. Silencio total también cuando el Estado Islámico y Al Nusra entraron a finales de 2012 en Siria llamados por el Ejército Libre Sirio para derrocar a Assad. No se podía hablar de sus atrocidades porque entonces el objetivo era demonizar al régimen sirio, no mostrar que la oposición es mil veces peor.
Siempre es más elegante matar en traje y corbata -como en Iraq, o prostituirse por un poco de petróleo barato- que en turbante. Llevamos décadas de guerras en Oriente por si en algún momento los “incivilizados” vienen a matarnos aquí. Tremenda paranoia y paradoja. Mientras tememos que ellos vengan aquí a matarnos algún día, nosotros no dejamos de matarles.
Siria está sacrificando generaciones enteras y su patrimonio milenario para que vuestros muchachos barbudos no planten la bandera negra del Medievo y la barbarie en Damasco, señor Hollande. Para que los cristianos no tengan que aprenderse versos del Corán, por si los “moderados” se los preguntan cuando entran en sus pueblos. Para tener un país que sea de todos los sirios, no de los islamistas radicales sunníes, como quieren los mal llamados opositores y como ya intentaron conseguir en Hama en el año 1982.
Los atentados de Francia han servido para que su presidente les intente colar una reforma constitucional a los franceses. Aprovechan el terror y el miedo que infunden a la población para recortar libertades básicas. Nos encaminamos hacia estados totalitarios en Europa porque una vez más, vuelven a usar la doctrina del shock para que la población acepte ceder ante la implantación de un estado policial. Nos están obligando a renunciar a principios y valores que nos costó siglos consolidar. Nos quieren acostumbrar a la presencia de militares. Nos quieren acostumbrar a ver tanques aparcados en calles desérticas porque nadie se atreve a salir ni siquiera a tomar un café. Nos dicen que estas medidas son necesarias para prevenir ataques terroristas, ¿pero quién nos protegerá de los atentados que los servicios de inteligencia occidentales cometen?

“Aquéllos que renunciarían a una libertad esencial para comprar un poco de seguridad momentánea, no merecen ni libertad ni seguridad” Benjamin Franklin

 

Reino Unido se suma a los bombardeos

En la misma línea de Francia, Reino Unido votaba ayer a favor de los bombardeos aéreos sobre posiciones del Estado Islámico en Siria. Algunos diputados acababan la votación con una sonrisa, tras aprobar la sentencia de muerte de miles de sirios inocentes que serán, una vez más, “daños colaterales” en su “lucha contra el terror”. El terror luchando contra el terror, qué antítesis. Cameron declaraba que los ataques aéreos fortalecerán la seguridad de su país, la misma excusa enfermiza de siempre. Lo importante a la hora de matar es hacerlo de forma elegante. Así no serás juzgado. La única diferencia entre los terroristas de Daesh y los gobernantes occidentales es que los segundos llevan traje y corbata y duermen en hoteles de 5 estrellas. Y tienen la piel y los ojos más claros, que eso también ayuda. Igual que los nazis y sus escuadrones de la muerte se paseaban con sus uniformes de Hugo Boss mientras desangraban Europa, los supremacistas occidentales van al Parlamento a votar la sentencia de muerte de miles de inocentes mientras desangran Oriente Medio. Que los pueblos del mundo solucionen sus problemas y sean dueños de su destino irrita a los arrogantes occidentales, que se creen dueños del universo.

Rusia, la antiimperialista

Considero a la izquierda una ideología noble, a pesar de ser mancillada en la inmensa mayoría de las ocasiones por quienes se la atribuyen puño en alto. La izquierda siempre está con el oprimido –o al menos eso debería-, no con el imperialismo que es más débil. Me sigue pareciendo increíble que se presente el agresivo imperialismo ruso como una “defensa” ante EEUU y sus aliados. Pobre Rusia, se ve cercada por la OTAN. Cuando se habla de Siria, algunos ignoran el exterminio silencioso que está sufriendo el pueblo sirio y ucraniano para lamentarse sobre la pobre Rusia. El hecho de que Rusia no financie el yihadismo y no suela empezar los conflictos dulcifica su imperialismo a ojos de la mayoría.
No hay dinero para ofrecer servicios sociales a sus ciudadanos y resolver los múltiples problemas sociales (alcoholismo, elevados casos de VIH, etc), pero siempre habrá para bombardear los cielos de Siria. Hace 2 días morían 40 civiles sirios en un bombardeo ruso, pero la inmensa mayoría de la izquierda guardaba silencio. Decir que Rusia tiene derecho a bombardear Siria porque tiene la autorización del gobierno es de las mayores hipocresías que se pueden sostener. Tengo esa manía de querer que los pueblos solucionen sus problemas por sí mismos y de llevar 4 años diciendo que en Siria sólo quiero ver luchar a sirios y que Siria sólo debe ser bombardeada por la Fuerza aérea siria. En Siria no defiendo que haya militares que no sean sirios, porque sé muy bien que el pueblo sirio está harto de esta guerra, que no sé si alguna vez fue suya. El pueblo sirio está harto de ser el campo de batalla entre los intereses occidentales y ruso-iraníes.
¿Acaso Assad ha preguntado a los sirios en un referéndum si aceptan la intromisión rusa? ¿Acaso el gobierno de una nación representa siempre los deseos del pueblo? ¿Por qué se quiere acabar con Daesh ahora en 2015 y no a finales del 2012, que fue cuando entró en Siria? Ésta es la principal pregunta, la más importante de todas. Quizás no sea una pregunta, sino la pregunta. Porque ahora es cuando su hombre Assad peligra de verdad. Porque durante todos estos años de guerra, Damasco y Latakia (con la base militar rusa en el puerto de Tartous) no corrieron peligro. Ahora los intereses rusos peligran y por lo tanto es ahora cuando toca intervenir. No importa el horror que llevan viviendo los sirios desde hace años, no había valor para cortar las relaciones diplomáticas con Occidente y Turquía. La madre Rusia sólo salta cuando de intereses se trata. Así de fácil de explicar y así de difícil de admitir para la inmensa mayoría.
La misma Rusia que sabía perfectamente desde hace años que Turquía compraba petróleo al Estado Islámico, ¡pero que por arte de magia lo descubrió e hizo saber al mundo entero ayer! Lo descubrió justo después de haber tenido un incidente diplomático con Turquía. Antes, los lazos con Erdogan, el padrino de Daesh, eran buenos. Las relaciones comerciales y diplomáticas iban viento en popa hasta el derribo del avión ruso. Justo ahí el actor Putin se dio cuenta de que Turquía ayudaba al Estado Islámico y lo sacó a la luz. Qué maravillosa eres, Rusia. Gracias por tanto.

 

Y aunque Rusia hubiera intervenido en 2012, no puedo defender los bombardeos aéreos de ningún país sobre Siria porque matan gente inocente. Porque los occidentales y rusos se han acostumbrado a tratar las vidas de ciertos pueblos como ganado. Porque los fallecidos son daños colaterales para ellos, simples números, y no debe ser así. Los sirios no son números. Son familiares, amigos, conocidos de alguien. Esta absurda estrategia de conseguirlo todo por la fuerza sólo consigue radicalizar a gran parte de la población. La ideología del Estado Islámico no se erradicará aunque este grupo desaparezca (que no va a desaparecer, porque a los teatreros nos les conviene y porque ellos colaboran en su mantenimiento). Eso es lo que no entiende el supremacista occidental que sólo sabe lanzar bombas. Esta ideología sectaria que proviene del Golfo pérsico se erradicará a base de educación, de alfabetización de la población, de secularización de la sociedad. La sociedad árabe tiene que cambiar su mentalidad igual que la occidental. Los orientales deben aprender a separar de una maldita vez la religión de la política y los occidentales deben aprender a dejar en paz al mundo y bajarse de ese pedestal desde el que observan a los demás con aires de superioridad. Retos tremendamente difíciles para ambas culturas.

Perdónanos Siria por tanto teatro barato
A veces, en la mayoría de las ocasiones, se me hace insoportable el mundo en el que vivo. Se me hace insoportable tanto teatro barato. Se me hace insoportable ver negociaciones sobre la guerra siria donde no está colgada la bandera siria. Se me hace insoportable ver reuniones a puerta cerrada sobre la guerra siria donde el único sirio es el camarero que sirve las bebidas a los criminales que se reparten el mundo y las esferas de influencia con escuadra y cartabón. Criminales que un día discuten delante de las cámaras, y al día siguiente firman acuerdos comerciales, porque el negocio es el negocio y lo será siempre.

Me gusta mucho el teatro como arte. Es bonito. Es difícil enfrentarse al público, hay que ser valiente. Es difícil vencer el miedo escénico y ser capaz de transmitir emociones y memorizar frases. El problema es que en las obras de teatro que en política internacional se representan acaba muriendo gente de verdad. Hijos, padres, hermanos, vecinos. En los choques entre imperialismos se destruyen vidas. Se destruyen casas, donde los abuelos ucranianos quedan desprotegidos de cara al duro invierno. Se destruyen infancias, donde los hijos de la nación mueren en las orillas de mares lejanos. Todo esta esquizofrenia que estamos viviendo por culpa de los poderosos debería acabar algún día, pero será imposible mientras haya personas pobres que defiendan sus guerras. Porque son sus guerras y las libramos nosotros.
Ninguna potencia quiere acabar con el Estado Islámico porque la guerra se vuelve perpetua cuando se usa como justificación de la paz. Y les encanta vivir de la guerra y el caos. Porque esto genera mucho dinero y a este pobre pueblo sirio lo quieren sumido en el caos para desangrarlo y saquearlo. Pienso con horror que Siria pueda convertirse en un Afganistán, una guerra sin fin. Tal vez eso es precisamente lo que buscan porque la industria armamentística se frota las manos con los conflictos que se vuelven eternos.

Cada ruina arqueológica en Siria, cada olivo en Palestina, cada cedro en Líbano, cada jeroglífico en Egipto y cada rincón de Iraq tienen historias muy antiguas que contar. Aunque Siria se reduzca a polvo por culpa de las batallitas entre imperialismos, seguirá siendo el sol de Oriente Medio. Aunque de Siria queden sólo las cenizas, seguirá siendo más digna que todo el mal llamado “mundo civilizado”.

No, no es Occidente ni Rusia los que están en guerra contra el terrorismo. Perdónanos, Siria.

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