Hasta siempre, Nahed

El cristiano comunista infiel

Ayer, los neonazis orientales volvieron a hacer de las suyas en Jordania. Cierta izquierda mantiene silencio absoluto al respecto.

Esta vez la patrulla de la moral eligió Amán, la capital del reino hachemita, como escena del crimen. El protagonista fue Nahed Hattar, escritor y periodista de izquierdas (cómo no), con formación universitaria en Islamismo, conocido por ser simpatizante del marxismo y del nacionalismo árabe laico. Militó en el Partido Comunista de Jordania hasta la década de los 80, habiendo sido detenido varias veces.

Nacido en el seno de una familia cristiana, pero defensor acérrimo del laicismo y crítico a partes iguales de imanes y sacerdotes, llevaba meses en el punto de mira de los islamistas jordanos por defender en sus escritos que la oposición yihadista siria es mucho peor opción que el régimen semi laico de Bashar al Assad. Este pequeñísimo detalle de cómo las últimas comunidades cristianas que quedan en Oriente defienden al Ejército sirio también se le escapa a la progresía en sus reiteradas denuncias por los Derechos Humanos.

La gota que colmó el vaso fue haber compartido en Facebook una viñeta en la que se jactaba de los yihadistas del Estado Islámico y de la utilización de Alá por parte de los terroristas. La viñeta fue encontrada terriblemente ofensiva por los líderes de partidos islamistas, que pidieron su cabeza en bandeja (en este caso, no es una expresión hecha). Frente a tanta presión y en un patético intento de “protegerle”, el gobierno jordano, que tanto tiempo lleva haciendo la vista gorda cuando no ayudando a los yihadistas en Siria, le impuso una especie de arresto domiciliario hasta que se apaciguaran los ánimos. Fue detenido por blasfemia y tiroteado cuando intentaba asistir al juicio en el que se le acusaba de publicar material que puede “provocar el conflicto sectario e insultar los sentimientos y creencias religiosas” .

Asesinado de 3 tiros en la cabeza frente al Palacio de Justicia por un fanático islamista, era imposible ejemplificar mejor la triste realidad de Jordania en estos momentos. En un país en el que la minoría cristiana forma el 5% de la población y donde los cristianos están discriminados por ley, Jordania es un reino en el que su sociedad sigue rigiéndose por el carácter tribal, y es uno de los paises árabes con más ciudadanos combatiendo junto al Estado Islámico.

En vez de condenar a los eternamente violentos islamistas, se le condenó a él y se le acusó a él por temor a no despertar a la bestia. Como si la bestia se hubiera quedado dormida alguna vez.

La lista es larga y Nahed no es el primero ni será lamentablemente el último, pero lo que más duele es el silencio. Silencio que hace que desde Occidente se dé voz solamente a islamistas y no a las minorías religiosas o a los ateos árabes. Sus labios están sellados. En Oriente y aquí. Allí por los violentos islamistas y aquí por los hipócritas occidentales, que se prostituyen a sus verdugos desde hace décadas.

Sólo mencionaré algunos ejemplos con opresiones que han ido desde la amenaza o intimidación hasta la muerte, como la periodista libanesa Joumana Haddad (@Joumana333), feminista y única mujer en publicar una revista erótica árabe, a la que se le prohibió la entrada en Bahrein en el año 2015 por ser atea.

Raif Badawi (raif_badawi) por su parte fue condenado a 10 años de prisión y 1000 azotes por el Daesh que viste de blanco, el reino de Arabia Saudí. El saudí se había atrevido a pedir libertad religiosa y de pensamiento desde su blog en la monarquía del terror. Hoy día, sigue en prisión y cada viernes recibe los azotes. A nadie le interesa. No son los Cascos Blancos. Tampoco es la lesbiana inexistente de Damasco.
Para aquellos que piensen que el fundamentalismo chií no existe, cuando la República islámica de Irán se funda sobre la persecución de los ateos y comunistas y la imposición del hiyab a las mujeres, el ayatolá Jomeini emitió una fatwa en la que pedía la muerte por apostasía para el escritor indio Salman Rushdie y para todo aquél que publicara su novela “Los versos satánicos”. Según el líder religioso, la figura de Mahoma no había sido tratada con respeto.
“Nunca me consideré un escritor preocupado por la religión, hasta que una religión empezó a perseguirme” escribió Rushdie, que había sido criado en el seno de una familia musulmana.
Ayaan Hirsi Ali, escritora somalí criada en el seno de una familia musulmana, que militó en Europa en un partido de izquierdas, y, decepcionada por la política de izquierda de tolerancia con los intolerantes, giró hacia el liberalismo, vive con escolta permanente por sus críticas al islam. Amenazada por islamistas que viven en Europa. Con los que los gobiernos hacen la vista gorda y les permiten fundar mezquitas, predicar discursos de odio y recoger firmas para pedir la sharía para Holanda.
Un apartado aparte merece Chokri Belaid, líder del “Partido Unificado de los Patriotas Democrátas” de ideología marxista-leninista, nacionalista árabe y radicalmente anti-islamista. El político y abogado tunecino, que había participado en la revolución de Túnez que acabó con el régimen de Ben Ali en 2011, denunció a Ennhada (Partido Islamista de Túnez) en varias ocasiones, acusándoles de usar la revolución como herramienta para su propio beneficio. Además de ser un opositor radical a la ideología islamista, batalló por un Túnez post-revolución laico. La noche antes de su muerte, escribió “Todos los que se oponen a Ennahda acaban convirtiéndose en diana de su violencia”.

Con la misma suerte corrió Mohamed Brahmi, otro político tunecino y fundador del “Movimiento Popular”, partido socialista laico inspirado en el nasserismo. Un salafista le vacío el cargador delante de su mujer e hijos. 14 balazos a plena luz del día, en julio de 2013. Según la policía, fueron las mismas balas que habían asesinado meses antes a Chokri, y por lo tanto, seguramente se tratara de la misma persona.

Tres grupos islamistas estuvieron en el punto de mira como sospechosos por los asesinatos de Chokri y Mohamed: Ansar al Sharía, Ennahda y la Guerrilla Islámica de Libia. De este último grupo y de acuerdo con documentos oficiales, se señaló directamente a Abdelhakim Belhaj, yihadista que fue emir de la ya extinta guerrilla y que luchó contra el régimen de Gaddafi durante la “revolución” libia.

Al Qaeda y Daesh son una ideología

Los islamistas contemporáneos no siempre llaman a la yihad, sueñan con recuperar al Andalus o con ponerse un cinturón de explosivos. No todos llegan a ejercer la violencia, pero todos tienen un pensamiento violento. Los islamistas contemporáneos, sobre todo los que viven en Occidente, ejercen su totalitarismo de otras formas, como forzando a sus hijas a llevar hiyab, recluyendo a sus mujeres en casa, aplaudiendo los discursos sectarios de Al Jazeera, apoyando moralmente a facciones islamistas que hacen la yihad por diversas partes del mundo, etc.

La alarma debió de haber estallado en 2011, cuando la mayoría de la “Umma” se posicionó a favor de los “rebeldes” en Siria. Eso es que algo andaba muy mal. Y algo anda cada vez peor. La alarma sigue sonando ahora, cuando la mayoría apoya tanto en casa como en las redes sociales a grupos como Ahrar al Sham frente a un Ejército sirio completamente agotado que sólo sueña con expulsar a terroristas de más de 70 países que no paran de llegar  y que quieren decidir el destino de los sirios. Pero no oyen la alarma.

Al Qaeda y Daesh no son un mero producto fabricado por la CÍA, son décadas y décadas de fascismo oriental que ha llegado a su punto álgido en el verano de 2014, con el genocidio asirio y yazidí. Son décadas de pensamiento nocivo y enfermizo, obsesionado con la purificación de sus habitantes; purificación que la predican curiosamente los más sucios del mundo musulmán, bañados en oro y petróleo.

Son décadas de pensamiento que sólo puede materializarse a través de la represión del diferente y de la mujer. Sólo pueden llegar a desarrollar su agenda imponiendo, a través de la violencia. No saben ganarse el corazón de la población desde el aprecio, sólo desde el miedo porque sólo saben catalogar a los demás e intentar imponer su enfermiza visión. No han sabido ganarse a la gente y generar auténticos movimientos de masas como hicieran los comunistas árabes hace no tanto tiempo, aunque parezca una eternidad. Han llegado a penetrar en la sociedad sólo cuando ésta estaba desesperada. Solo cuando, después del fracaso nasserista y las continuas victorias de Israel, los árabes estaban ya agotados.

Los islamistas siempre han sido el ultimo recurso de los árabes, que han intentado siempre aferrarse a otras ideologías antes. Los islamistas se han aprovechado siempre de la desesperación y del descontento, sobre todo de la juventud. Para contaminar el pensamiento, primero hay que contaminar el alma, y eso es lo que ha hecho la principal promotora del islamismo radical en Oriente Medio, Arabia Saudí.
Desde las palizas que propinaban a las bailarinas de Argelia, Egipto y Pakistán por “impúdicas”, pasando por los cd’s, dvd’s y libros con los que los islamistas hacían hogueras por tener un contenido impuro y llegando por último a asesinatos viles y cobardes por “blasfemia”, el islamismo sigue aterrorizando Oriente.

Para finalizar ya, la lista de sus víctimas es larga, pero el silencio es mayor. La lista seguirá creciendo. Las minorías religiosas y los ateos orientales seguirán siendo agredidos. Pero su sangre no es digna de denuncia. Porque no sirve a una agenda para partir naciones en 3. Porque no es lo toca denunciar este año. Porque la degenerada progresía siempre ha denunciado el fascismo en Occidente y lo ha apoyado en Oriente.
Nahed Hattar no era un simple “escritor jordano”, como la mayoría de los medios están señalando. Era un ex militante comunista, perteneciente a una minoría religiosa, defensor del laicismo. Ése es el precio que hay que pagar por ser minoría religiosa, o ser izquierdista y defender el laicismo en esa región del mundo. Y por eso ha sido asesinado el escritor en Oriente Medio.

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3 comentarios sobre “Hasta siempre, Nahed

  1. Reblogueó esto en La Barricada de Zaynaby comentado:
    Nahed Hattar era de izquierdas y defensor del laicismo. De hecho, la izquierda debería defender el derecho a criticar la religión si de verdad quiere apelar a los valores de laicidad y libertad religiosa a los que siempre ha apelado. En el caso del Islam, parte de la izquierda considera que criticar el Islam es racismo sólo por el hecho de que el Islam sea una religión no occidental. Si criticar el Islam es racismo, ¿es Nahed Hattar, un árabe cristiano, racista? Pues en Oriente Medio es la izquierda la que defiende los valores de lacisimo frente a la derecha fundamentalista islámica.

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